Como buen mexicano, probablemente el pasado fin de semana celebraste con amigos y familiares el famoso “Grito”.

No está claro el momento exacto en el que ocurrió el “Grito” original que dio inicio a la guerra de independencia.

¿Fue la noche del 15 de septiembre, o fue la madrugada del 16?  (los historiadores confirman la segunda opción).

Lo que sí parece seguro, es que esta confusión fue aprovechada por Porfirio Díaz. Dado que su cumpleaños era el 15 de septiembre, decidió unir ambas fechas y así celebrar su aniversario junto con la fiesta nacional.

Díaz dispuso también que la campana de la parroquia de Dolores, fuera trasladada a Palacio Nacional.

Así se dio inicio a esta fiesta popular que, en términos generales, hasta hoy día conocemos.

¿Pero qué celebramos cuando “gritamos” por la independencia y la libertad? (además de la oportunidad de irnos de puente o de parranda).

Buena pregunta.

La libertad es uno de los aspectos más valorados de la vida humana.

Significa el poder pensar o actuar sin restricciones.

Significa  ejercer nuestra capacidad de elección.

Para algunos, implica incluso el ejercicio de un atributo divino: el libre albedrío.

Pero creo que para entender mejor qué significa ser libre, primero necesitas comprender qué significa estar en esclavitud.

No me refiero aquí a las innumerables formas (cada vez más sofisticadas) de sometimiento y control social.

No, me refiero a la esclavitud que proviene de haber perdido tu capacidad de elegir… de escoger tus respuestas frente a la vida.

La esclavitud que determinan los límites que te imponen tus propias programaciones y condicionamientos.

Me refiero a esas ideas y creencias con las cuales te identificas, y que aceptas como LA VERDAD.

En la medida en que son rígidas e inflexibles no puedes ver más allá de ellas.

Se convierten, por así decirlo, en tu prisión.

Ahí te quedas atrapado como en una telaraña. Y a pesar de que celebres con mucho entusiasmo “el grito”,  la realidad es que eres esclavo de tus propios condicionamientos.

En contraste, la libertad se manifiesta cuando encuentras tu naturaleza auténtica.

Porque ésta ya es libre.

Y esa experiencia habita en tu cuerpo. Cuando te identificas con tu experiencia somática, ¡comienzas a ser más libre!

En este sentido, la conciencia de tu cuerpo es una llave poderosa hacia la libertad: te permite presencia, sabiduría profunda,  paz…

… Ahí puedes encontrar tu verdadera esencia, tu ser.

Ahí reside tu capacidad de elegir aquellas opciones que traen alegría, para ti y para los demás.

 

Hasta pronto,

Jorge Galindo
Director CÓRPORE
www.corporal.com.mx


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P.D. Ven a dar el Grito: “¡Viva mi Liberad! ¡Viva mi Independencia!”

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