Martín estuvo atrapado entre los escombros por 17 horas.

A su alrededor solo había oscuridad, cuerpos sin vida, y gemidos de algunos sobrevivientes que percibía a tan solo pocos metros.

No tenía certeza si llegaría a ser rescatado. No tenía ninguna garantía de sobrevivir. Su único refugio, según sus propias palabras, fue:

“Cerraba mis ojos y me ponía a rezar;
lo poquito o mucho que sé,
solo le pedía a Dios que nos sacaran…”

La pesadilla sorprendió a Martín Méndez, de forma tan inesperada como nos tomó a todos el pasado 19 de septiembre. Realizaba un trabajo de cerrajería en un edificio ubicado en la colonia Roma, cuando repentinamente la tierra se empezó a sacudir con fuerza.

Lo último que Martín recuerda es el techo de la habitación cayéndole encima; un segundo después, fue arrastrado al vacío junto con otras tres personas.

Martín es de los afortunados: puede contarnos su historia. No fue uno de los 206  muertos reportados en la Ciudad de México.
* Historia verídica tomada de testimonios de sobrevivientes del sismo.

Cuando escucho historias como esta me pregunto:

… ¿qué sucede en nuestro organismo frente a una vivencia que amenaza nuestra vida?

… ¿qué pasa en nuestra persona, cuando vivimos una experiencia crítica?

Gracias a los últimos avances en el campo de la neurociencia, ahora sabemos mejor lo que realmente sucede en nuestro cerebro en estos casos.

Por ejemplo, ahora sabemos qué cualquier experiencia que activa con intensidad la emoción más primaria que tenemos -el miedo- impacta directamente a la parte más primitiva del cerebro, el llamado cerebro reptiliano.

El mecanismo es simple, como todo aquello que sirve a la sobrevivencia más elemental. Esta imagen me va a ayudar a explicarte mejor…

Tus sentidos perciben una amenaza y envían esta información directamente al tronco encefálico.

Esta es la parte de tu cerebro que controla las funciones vitales básicas: respiración, regulación del ritmo cardíaco y, por supuesto, los comportamientos instintivos para sobrevivir.

Y, lo más importante: es extremadamente sensible y reactivo a los estímulos directos.

De esta manera la percepción de peligro impacta a tu cerebro “reptiliano” de forma inmediata.

Incluso antes de que la dimensión racional de tu cerebro (el llamado neo córtex) tenga conciencia.

En otras palabras, tu respuesta es automática… no interviene el intelecto.

Por eso, puedes vivirte con la sensación de no tener ninguna posibilidad de elegir tu comportamiento frente a una amenaza. Pareciera que tu reacción simplemente “ocurre”.

Ahora bien, si la experiencia critica quedó incrustada en tu cerebro reptiliano y en las reacciones de tu cuerpo,  los recuerdos traumáticos pueden volver a reproducirse nuevamente, como si estuvieran sucediendo en el momento presente, aun cuando el peligro ya quedó en el pasado.

Esta comprensión del papel del cerebro, del sistema nervioso y de las reacciones corporales, aporta profundidad y poder para procesar las experiencias de shock y trauma.

¿Cómo ayudar a alguien cuya experiencia crítica quedó impresa en su organismo y no alcanza a procesarla?

Bueno, “hablar” de lo que pasó ayuda; pero no alcanza a resolver todos los efectos.

Como ya vimos, el shock alcanza niveles del cuerpo y del sistema nervioso que están más allá del manejo consciente.

Por eso, las intervención terapéuticas basadas en el cuerpo han demostrado una mayor efectividad para detener y estabilizar patrones de reactividad.

Porque a través del cuerpo se puede tener acceso a las partes profundas del cerebro… esas que el razonamiento no alcanza a tocar.

Una razón más para buscar ayuda profesional: una experiencia de shock no sólo afecta a la persona involucrada. En el mediano plazo, hace sufrir también a la pareja, a la familia, a las personas que conviven con ella.

Por eso, si requieres de apoyo psicológico -o conoces a alguien que lo necesite- nuestros compañeros del equipo Córpore  siguen a tu disposición en forma gratuita.

En CDMX ponte en contacto con Silvia Barredo. Cel 55 2756 2403

En Cuernavaca con  Sandra González Cel. 777 135 9980

Cuando comprendes y procesas que tu respuesta fue una reacción adaptativa que te ayudó a sobrevivir, abres la puerta a tu sanación.

Hasta pronto.

Jorge Galindo
Director CÓRPORE
www.corporal.com.mx

 


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